Noche de fiasco
Te fuiste sin decir nada,
esos dos besos siquiera,
escritos por sentencia,
donde los labios ni hablan.
Te volviste con ademán decidido,
al mismo tiempo que violento,
a contracorriente de mi destino.
Fijada quedó mi mirada
en tu silueta superpuesta.
Con un firmamento enfermizo
contrastaba ésta;
el cual me mataba a cada paso que daba
hacia casa por un sucio camino.
Allí me esperaba la cama
desecha, fría y solitaria;
un trozo de papel en blanco
donde no conseguí escribir nada,
y una resaca que despertará conmigo
el siguiente día por la mañana.
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